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¿Qué pasa con el arte actual? Últimamente, cada vez que voy a una exposición siento que estuviera dentro de un gabinete de prensa con las últimas noticias de lo que sucede en el mundo, otras veces tengo la impresión de estar dentro de una guerra, en alguna catástrofe natural o en medio de relaciones de trabajo injustas y desiguales. Parece como si muchos artistas y curadores tuvieran la necesidad de denunciar un estado de cosas que se percibe en el mundo y de explicar la actualidad.
Capitalismo, globalización, sociedad de consumo, control de los medios de comunicación y migración son algunos de los temas que transmiten artistas como Minerva Cuevas, con sus críticas al capitalismo y a las relaciones laborales injustas a través de las marcas de empresas multinacionales; 0100101110101101.org y sus intervenciones en diferentes ciudades - como Nikeplatz en Viena o sus carteles de una película ficticia United we Stand en diferentes ciudades europeas, norteamericanas y asiáticas -; Jota Castro, con sus survival kit para inmigrantes ilegales y refugiados, y otros survival kit for demonstrators, diseñados especialmente para quienes quieren manifestarse en la calle; o The Yes Men, quienes dan conferencias en organismos internacionales y se hacen pasar por personalidades políticas influyentes boicoteando con sus performances el protocolo oficial, son sólo algunos ejemplos de la actualidad del arte político.
Algunos grupos se consideran artistas-activistas y en realidad se tratan de colectivos que realizan una cartografía de la precariedad – utilizando los términos comunes de estos colectivos. Los activistas italianos de la era de Berlusconi - considerados a sí mismos como hacktivistas, dado que su acción se genera muchas veces en la red, como la acción que realizan los hackers - buscan plantear opciones de comunicación de información actual a través de televisiones alternativas a las oficiales y conexiones en red libres, a partir de las cuales comunican lo que los medios de comunicación oficiales evitan o prefieren no comunicar. Este colectivo surgió a raiz de la manifestación en Génova contra la reunión del G8 y se acentúo con la participación de Italia en la guerra de Irak. Ellos se consideran un colectivo, en el cual la voz que se escucha es la voz de todos. Lo que más les interesa es que la comunicación sea libre, directa y no fragmentada, por eso actúan directamente en los medios de comunicación. Otros grupos, como es el caso del proyecto que organiza el colectivo Platoniq en la ciudad de Barcelona, critican la especulación inmobiliaria y la destrucción de edificios emblemáticos, que generan mayores ingresos a partir de la creación de viviendas cada vez más caras. Un ejemplo de acción - artística, según los integrantes del grupo - es la realización de tours en bus por la ciudad de Barcelona para señalar las áreas inmobiliarias conflictivas, caso Can Ricart en el distrito de Poble Nou y ejemplos de cambios arquitectónicos en el barrio del Raval. Dentro del discurso de Platoniq está la participación ciudadana, la exigencia de los derechos ciudadanos, el acceso al espacio y a la información públicos y generar una participación comunitaria.
En el caso de algunos colectivos y de algunos curadores de exposiciones, todo parece resumirse en la palabra arte, a falta de un término más específico para explicar determinadas acciones. El término arte funciona muchas veces como un comodín, al no tener una palabra más adecuada para explicar estas acciones consideradas por muchos como alternativas, término que en sí mismo ya no significa lo que debería significar. Manifestar un descontento e insatisfacción de un estado de cosas a través de distintas acciones puede ser un estímulo para que las cosas cambien, como es el caso de brindar el acceso libre a la red y a la comunicación de los hacktivistas italianos, idea que comparten con Platoniq. Un tour que no siga el circuito tradicional, como por ejemplo un tour por los bares castizos o el tour de Platoniq por las zonas afectadas por la especulación inmobiliaria en Barcelona, no tienen por qué ser considerados artísticos. Considerar estas acciones como propiamente artísticas me hace seguir buscando otra terminología para explicar estas acciones, las que considero más políticas, o mejor: socio-políticas o cívicas, que artísticas.
El trabajo de Francis Alÿs (Bélgica, 1959), quien reside en México DF desde fines de los ochenta, es un ejemplo de un trabajo artístico tal vez menos denunciatorio, yo diría, más analítico. Alÿs se acerca a la realidad, ya no desde una empresa colectiva, sino desde un trabajo personal. Su trabajo puede asociarse de alguna manera al de un antropólogo estructuralista (véase Claude Lévi- Strauss), desde la mirada de afuera, del extranjero, del artista-analítico, quien trata de explicar a través de performances, fotos, pinturas, mapas y vídeos cómo se vive y cómo es una metrópolis como México DF, tal es el caso de muchos de sus trabajos en los que presenta a trabajadores ambulantes, mendigos y perros, como actores en esta ciudad, y analiza las actividades que suceden en la calle, comunes en cualquier metrópolis latinoamericana o asiática. También le interesa analizar la relación que tiene México con EEUU, como cuando trata de cruzar la frontera, dando una vuelta al mundo para llegar a EEUU sin pasar por la frontera geográfica que separa a México de EEUU. Alÿs también realiza acciones en otras ciudades latinoamericanas y da a conocer un imaginario que es considerado por algunos como propiamente latinoamericano - como es el caso de Cuando la fe mueve montañas - en el que se mezclan elementos de las religiones ancestrales, más animistas y centradas en la naturaleza, con la religión católica. En esta acción, el artista literalmente mueve una montaña contratando a estudiantes, quienes con una pala bajan el nivel de una duna en el distrito de Ventanilla, en las afueras de Lima.
Uno de los ejemplos de quienes utilizan deliberadamente la actualidad política, como material de trabajo y con la pretensión de polemizar, es el artista Santiago Sierra (España, 1966). Sierra, quien al igual que Alÿs vive en México DF, aprovecha la actualidad mundial de la globalización, la migración y de la sociedad de consumo, presentando las diferentes relaciones de trabajo en las sociedades actuales para enfatizar el poder del dinero en la sociedad capitalista. En el año 2000, en México DF, Sierra realiza la performance titulada “Muro de una galería arrancado para ser inclinado a 60 grados del suelo por cinco personas“, en la cual 5 obreros cargan durante 4 horas una pared para que estuviera siempre a 60 grados. Para la bienal de Venecia del 2001, el artista realizó una performance en la que pagó a un grupo de hombres ilegales ambulantes, que venden diferentes artículos en las calles de Venecia – en su mayoría no europeos -, para que se tiñeran el cabello de rubio. En otra de sus acciones le pagó a un grupo de mujeres mexicanas que no hablan castellano para que aprendan de memoria una frase en castellano y la repitieran varias veces. Y para terminar con los ejemplos, un drogadicto recibe un shot de heroína a cambio de hacer algo para el artista. Vemos, pues, que su trabajo está en el límite entre el arte y la ética, ya que las personas involucradas en sus performances no son las beneficiarias reales de las mismas y su situación no cambia, sólo demuestra quién es el que tiene el poder del dinero para hacer que otras personas hagan trabajos inútiles, como hemos visto. Una de sus últimas acciones fue la de llenar una sinagoga con gas, en Alemania, con la respectiva y obvia crítica tanto de la comunidad judía, como de los alemanes.
No sólo los artistas muestran los acontecimientos mundiales, sino también muchos curadores de exposiciones dedican horas de su trabajo para presentar temas actuales, en algunos casos diría que se trata más bien de una suerte de “educación del público sobre historia contemporánea“. Catherine David - directora artística de la Documenta X en Kassel - ha curado la exposición itinerante “Contemporary Arab Representations. The Iraqi Equation” - organizada y producida por KW Institute for Contemporary Art, Berlín, y la Fundació Antoni Tàpies, Barcelona, en cooperación con Arteleku-Diputación Foral de Gipuzkoa y la Universidad Internacional de Andalucía-UNIA arte y pensamiento -, en la cual nos explica desde la visión de los artistas iraquíes y de sus habitantes, cómo funciona ese país. La exposición está basada en imágenes proyectadas de fotografías de la historia iraquí y, a partir de entrevistas a personajes del mundo cultural, tales como cineastas, músicos, artistas plásticos, entre otros, nos da la visión que tienen ellos de lo que sucede en su país. Curiosamente, muchos de ellos ya no viven en Irak desde hace muchos años. Querer explicar el mundo musulmán o el pensamiento árabe a través de una exposición de arte contemporáneo corre el riesgo de ser muy superficial y decorativa. Cuando estuve en la exposición me pareció sentir la voz de Catherine David, que decía: "Los occidentales no podemos entender a las personas provenientes de Oriente y mucho menos a los árabes musulmanes. Por eso mi trabajo (deber) de curadora (de profesora de historia contemporánea, en este caso) sirve para explicar cómo viven los iraquíes", quienes probablemente no tengan la misma opinión que la curadora, ya que los personajes entrevistados no son representativos de la colectividad retratada. Esta exposición bien podría estar dentro del programa de un museo etnológico o de historia, como hace el Smithsonian Institution en Washington DC, con la construcción de un museo dedicado exclusivamente a los indios americanos.
En el año 2005, el KW Institute for Contemporary Art organizó la exposición “Zur Vorstellung des Terrors: Die RAF-Ausstellung”, sobre el movimiento terrorista alemán RAF (Rote Armee Fraktion) de la década de los setenta, y en la que prácticamente mitifica a los terroristas como quienes se atrevieron a luchar contra el capitalismo alemán matando o secuestrando a empresarios influyentes. Tuve la oportunidad de vivir en Berlín durante la polémica desatada a raíz de la exposición y de verla personalmente en la Neue Galerie am Landesmuseum Joanneum, en Graz (Austria) en agosto del 2005. Sabiendo lo que realmente es el terrorismo y viendo una exposición dedicada a un grupo terrorista, no me queda nada más que decir que las opiniones de artistas y curadores de exposiciones parten, en la mayoría de los casos, de una situación de espectador, más no de integrante o participante real de lo que quieren denunciar. El caso de Santiago Sierra es el más extremo, pues el artista paga a personas con pocos recursos, quienes en su mayoría viven o trabajan en un entorno considerado marginal (ilegales, prostitutas, drogadictos, minorías étnicas), para formar parte de sus trabajos artísticos, que le generan ganancias millonarias. El discurso artístico será siempre una ficción de sus creadores, aunque en algunos casos parezca un documental realista o un noticiero semanal de la prensa sensacionalista.
Katerina Valdivia Bruch

¿Qué pasa con el arte actual? Últimamente, cada vez que voy a una exposición siento que estuviera dentro de un gabinete de prensa con las últimas noticias de lo que sucede en el mundo, otras veces tengo la impresión de estar dentro de una guerra, en alguna catástrofe natural o en medio de relaciones de trabajo injustas y desiguales. Parece como si muchos artistas y curadores tuvieran la necesidad de denunciar un estado de cosas que se percibe en el mundo y de explicar la actualidad.
Capitalismo, globalización, sociedad de consumo, control de los medios de comunicación y migración son algunos de los temas que transmiten artistas como Minerva Cuevas, con sus críticas al capitalismo y a las relaciones laborales injustas a través de las marcas de empresas multinacionales; 0100101110101101.org y sus intervenciones en diferentes ciudades - como Nikeplatz en Viena o sus carteles de una película ficticia United we Stand en diferentes ciudades europeas, norteamericanas y asiáticas -; Jota Castro, con sus survival kit para inmigrantes ilegales y refugiados, y otros survival kit for demonstrators, diseñados especialmente para quienes quieren manifestarse en la calle; o The Yes Men, quienes dan conferencias en organismos internacionales y se hacen pasar por personalidades políticas influyentes boicoteando con sus performances el protocolo oficial, son sólo algunos ejemplos de la actualidad del arte político.
Algunos grupos se consideran artistas-activistas y en realidad se tratan de colectivos que realizan una cartografía de la precariedad – utilizando los términos comunes de estos colectivos. Los activistas italianos de la era de Berlusconi - considerados a sí mismos como hacktivistas, dado que su acción se genera muchas veces en la red, como la acción que realizan los hackers - buscan plantear opciones de comunicación de información actual a través de televisiones alternativas a las oficiales y conexiones en red libres, a partir de las cuales comunican lo que los medios de comunicación oficiales evitan o prefieren no comunicar. Este colectivo surgió a raiz de la manifestación en Génova contra la reunión del G8 y se acentúo con la participación de Italia en la guerra de Irak. Ellos se consideran un colectivo, en el cual la voz que se escucha es la voz de todos. Lo que más les interesa es que la comunicación sea libre, directa y no fragmentada, por eso actúan directamente en los medios de comunicación. Otros grupos, como es el caso del proyecto que organiza el colectivo Platoniq en la ciudad de Barcelona, critican la especulación inmobiliaria y la destrucción de edificios emblemáticos, que generan mayores ingresos a partir de la creación de viviendas cada vez más caras. Un ejemplo de acción - artística, según los integrantes del grupo - es la realización de tours en bus por la ciudad de Barcelona para señalar las áreas inmobiliarias conflictivas, caso Can Ricart en el distrito de Poble Nou y ejemplos de cambios arquitectónicos en el barrio del Raval. Dentro del discurso de Platoniq está la participación ciudadana, la exigencia de los derechos ciudadanos, el acceso al espacio y a la información públicos y generar una participación comunitaria.
En el caso de algunos colectivos y de algunos curadores de exposiciones, todo parece resumirse en la palabra arte, a falta de un término más específico para explicar determinadas acciones. El término arte funciona muchas veces como un comodín, al no tener una palabra más adecuada para explicar estas acciones consideradas por muchos como alternativas, término que en sí mismo ya no significa lo que debería significar. Manifestar un descontento e insatisfacción de un estado de cosas a través de distintas acciones puede ser un estímulo para que las cosas cambien, como es el caso de brindar el acceso libre a la red y a la comunicación de los hacktivistas italianos, idea que comparten con Platoniq. Un tour que no siga el circuito tradicional, como por ejemplo un tour por los bares castizos o el tour de Platoniq por las zonas afectadas por la especulación inmobiliaria en Barcelona, no tienen por qué ser considerados artísticos. Considerar estas acciones como propiamente artísticas me hace seguir buscando otra terminología para explicar estas acciones, las que considero más políticas, o mejor: socio-políticas o cívicas, que artísticas.
El trabajo de Francis Alÿs (Bélgica, 1959), quien reside en México DF desde fines de los ochenta, es un ejemplo de un trabajo artístico tal vez menos denunciatorio, yo diría, más analítico. Alÿs se acerca a la realidad, ya no desde una empresa colectiva, sino desde un trabajo personal. Su trabajo puede asociarse de alguna manera al de un antropólogo estructuralista (véase Claude Lévi- Strauss), desde la mirada de afuera, del extranjero, del artista-analítico, quien trata de explicar a través de performances, fotos, pinturas, mapas y vídeos cómo se vive y cómo es una metrópolis como México DF, tal es el caso de muchos de sus trabajos en los que presenta a trabajadores ambulantes, mendigos y perros, como actores en esta ciudad, y analiza las actividades que suceden en la calle, comunes en cualquier metrópolis latinoamericana o asiática. También le interesa analizar la relación que tiene México con EEUU, como cuando trata de cruzar la frontera, dando una vuelta al mundo para llegar a EEUU sin pasar por la frontera geográfica que separa a México de EEUU. Alÿs también realiza acciones en otras ciudades latinoamericanas y da a conocer un imaginario que es considerado por algunos como propiamente latinoamericano - como es el caso de Cuando la fe mueve montañas - en el que se mezclan elementos de las religiones ancestrales, más animistas y centradas en la naturaleza, con la religión católica. En esta acción, el artista literalmente mueve una montaña contratando a estudiantes, quienes con una pala bajan el nivel de una duna en el distrito de Ventanilla, en las afueras de Lima.
Uno de los ejemplos de quienes utilizan deliberadamente la actualidad política, como material de trabajo y con la pretensión de polemizar, es el artista Santiago Sierra (España, 1966). Sierra, quien al igual que Alÿs vive en México DF, aprovecha la actualidad mundial de la globalización, la migración y de la sociedad de consumo, presentando las diferentes relaciones de trabajo en las sociedades actuales para enfatizar el poder del dinero en la sociedad capitalista. En el año 2000, en México DF, Sierra realiza la performance titulada “Muro de una galería arrancado para ser inclinado a 60 grados del suelo por cinco personas“, en la cual 5 obreros cargan durante 4 horas una pared para que estuviera siempre a 60 grados. Para la bienal de Venecia del 2001, el artista realizó una performance en la que pagó a un grupo de hombres ilegales ambulantes, que venden diferentes artículos en las calles de Venecia – en su mayoría no europeos -, para que se tiñeran el cabello de rubio. En otra de sus acciones le pagó a un grupo de mujeres mexicanas que no hablan castellano para que aprendan de memoria una frase en castellano y la repitieran varias veces. Y para terminar con los ejemplos, un drogadicto recibe un shot de heroína a cambio de hacer algo para el artista. Vemos, pues, que su trabajo está en el límite entre el arte y la ética, ya que las personas involucradas en sus performances no son las beneficiarias reales de las mismas y su situación no cambia, sólo demuestra quién es el que tiene el poder del dinero para hacer que otras personas hagan trabajos inútiles, como hemos visto. Una de sus últimas acciones fue la de llenar una sinagoga con gas, en Alemania, con la respectiva y obvia crítica tanto de la comunidad judía, como de los alemanes.
No sólo los artistas muestran los acontecimientos mundiales, sino también muchos curadores de exposiciones dedican horas de su trabajo para presentar temas actuales, en algunos casos diría que se trata más bien de una suerte de “educación del público sobre historia contemporánea“. Catherine David - directora artística de la Documenta X en Kassel - ha curado la exposición itinerante “Contemporary Arab Representations. The Iraqi Equation” - organizada y producida por KW Institute for Contemporary Art, Berlín, y la Fundació Antoni Tàpies, Barcelona, en cooperación con Arteleku-Diputación Foral de Gipuzkoa y la Universidad Internacional de Andalucía-UNIA arte y pensamiento -, en la cual nos explica desde la visión de los artistas iraquíes y de sus habitantes, cómo funciona ese país. La exposición está basada en imágenes proyectadas de fotografías de la historia iraquí y, a partir de entrevistas a personajes del mundo cultural, tales como cineastas, músicos, artistas plásticos, entre otros, nos da la visión que tienen ellos de lo que sucede en su país. Curiosamente, muchos de ellos ya no viven en Irak desde hace muchos años. Querer explicar el mundo musulmán o el pensamiento árabe a través de una exposición de arte contemporáneo corre el riesgo de ser muy superficial y decorativa. Cuando estuve en la exposición me pareció sentir la voz de Catherine David, que decía: "Los occidentales no podemos entender a las personas provenientes de Oriente y mucho menos a los árabes musulmanes. Por eso mi trabajo (deber) de curadora (de profesora de historia contemporánea, en este caso) sirve para explicar cómo viven los iraquíes", quienes probablemente no tengan la misma opinión que la curadora, ya que los personajes entrevistados no son representativos de la colectividad retratada. Esta exposición bien podría estar dentro del programa de un museo etnológico o de historia, como hace el Smithsonian Institution en Washington DC, con la construcción de un museo dedicado exclusivamente a los indios americanos.
En el año 2005, el KW Institute for Contemporary Art organizó la exposición “Zur Vorstellung des Terrors: Die RAF-Ausstellung”, sobre el movimiento terrorista alemán RAF (Rote Armee Fraktion) de la década de los setenta, y en la que prácticamente mitifica a los terroristas como quienes se atrevieron a luchar contra el capitalismo alemán matando o secuestrando a empresarios influyentes. Tuve la oportunidad de vivir en Berlín durante la polémica desatada a raíz de la exposición y de verla personalmente en la Neue Galerie am Landesmuseum Joanneum, en Graz (Austria) en agosto del 2005. Sabiendo lo que realmente es el terrorismo y viendo una exposición dedicada a un grupo terrorista, no me queda nada más que decir que las opiniones de artistas y curadores de exposiciones parten, en la mayoría de los casos, de una situación de espectador, más no de integrante o participante real de lo que quieren denunciar. El caso de Santiago Sierra es el más extremo, pues el artista paga a personas con pocos recursos, quienes en su mayoría viven o trabajan en un entorno considerado marginal (ilegales, prostitutas, drogadictos, minorías étnicas), para formar parte de sus trabajos artísticos, que le generan ganancias millonarias. El discurso artístico será siempre una ficción de sus creadores, aunque en algunos casos parezca un documental realista o un noticiero semanal de la prensa sensacionalista.
Katerina Valdivia Bruch

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